Mis amigos, con los que salgo a cenar, al cine, a ver el futbol, a jugar al futbol e infinidad de cosas de las que recordar y me siento afortunado, con los que paso todo los días. ¿Pero? ¿Y en la montaña? No son de perderse en mita de una sierra sin nada que llevarse a la boca o de pasar frio, andar kilómetros y más kilómetros por sitios inhóspitos, acampar, escalar etc. Pero a veces le empujo a que me acompañen a mis aventuras.
En el río chillar nos echamos la foto de equipo de rigor y a andar.
Una vez en nuestro destino, la presa, comimos y más de uno fuese tragado más agua de lo previsto por tirar basura pero me pillaron de buenas, nos divertimos mucho echando fotos, saltando, cantando, descansando etc.
Pero a la vuelta aparecen el cansancio, el ¿Cuánto queda? Y el zapato de Germán que una y otra vez se deshacía de los amarres que le poníamos, al final casi llega descalzo pero por fin llegamos.